jueves, 29 de noviembre de 2007

Segunda parte

Grenouille emprende el camino hacia el Sur, donde espera poder aprender nuevas técnicas que le ayuden a conseguir su objetivo. Por primera vez sale de París, y por primera vez descubre un mundo sin olores humanos ni producidos por la actividad humana; guiado solamente por su fino olfato, evita poblaciones, camina de noche y duerme de día, hasta llegar a la montañas. Encantado con el descubrimiento de una cueva, Grenouille pasa siete años de su vida en la cima de esta montaña, alimentándose de lo que encuentra, y acudiendo una y otra vez a su memoria olfativa para hacerse el dios de su mundo interior compuesto por todos los olores que conoce.
El placer que le produce este mundo interior se rompe el día que se da cuenta que él mismo no posee ningún olor propio. Después del pánico inicial, se dirige de nuevo hacia el sur. En la ciudad a la que llega atribuye su aspecto actual a que ha estado siete años prisionero en una cueva, secuestrado por unos bandidos. El marqués de la Taillade-Espinasse toma a Grenouille bajo su protección porque ve en su historia la oportunidad de demostrar su teoría del fluido letal, que según él surge de la tierra y del que Grenouille debía estar completamente contaminado. Tras un proceso de desintoxicación, lavado y afeitado en el palacio del marqués en
Montpellier, Grenouille aparece como un caballero. Con el permiso del marqués, compone un perfume en un laboratorio para atribuirse a sí mismo un olor corporal. De esta manera, la gente se da cuenta de su presencia y es capaz de aceptarle más fácilmente que antes. Entonces decide continuar su camino hacia Grasse

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